YAIZA Y YO

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. 

Yaiza es pequeña, amorosa, suave; tan saludable por fuera, que se diría toda de chocolate (“tate” en su idioma), que sí lleva huesos. Sólo los reflejos de sus resplandecientes ojos, cual faros en la noche, cual dos luciérnagas, son el derrotero de mi vida y de más vidas.

Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente: ¿Platero? y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe en no sé qué cascabeleo ideal…

La dejo suelta y se va al prado y se sale del prado. La dejo en la colina y se sale de la colina. Acaricia suavemente la tierra. No le gusta mantenerla mucho tiempo en su mano. La arroja. “Sí, suele rozar casí siempre mi iris”. La llamo dulcemente: ¡ “Yaiza” ! La vuelvo a llamar ¡ “Yaiza” ! Otra vez más: ¡ “Yaiza” ! Viene hacia mí; en dirección contraria. Se ríe. Me mira. Se ríe. Sigue viniendo hacia mí; en dirección contraria. Su trotecillo alegre es inalcanzable. Se ríe. Suena un cascabeleo. Son mis doloridas rodillas. Sonríe. Siempre sonríe.

Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel…

Come cuanto le doy. Le gusta las naranjas, las galletas, la leche… y el jamón.¡ “El jamón”!. No el “chopped” no, “el jamón”. Sonríe.

Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña…; pero fuerte y seco por dentro como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
-Tien’ asero…
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

Es tierna y adorable, pero también obstinada y con personalidad como un burro…; pero con un interior dulce y realmente admirable. Cuando paseo con ella, por las calles de la ciudad, los niños de los barrios la miran y la saludan  . “Adiós Yaiza, ¿juegas con nosotros? . Vamos a construir castillos. ¿ Quieres romperlos ?”

Tiene un don. Será el de gentes o será el de ser como el acero de fuerte. Sí, definitivamente tiene duende. ¡Nos tiene encantados ! Su sonrisa eterna es un estímulo; una droga; una vida para vivirla. Ya sabemos que será de mayor. Se lo estamos preparando, se lo está preparando. ¡ Yaiza de mayor será feliz !  Sonríe.

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